viernes, 4 de diciembre de 2015

PERFIL DEL PERSONAJE: ANTONELLA



Su primer recuerdo de infancia es el llanto de su madre. Un llanto recurrente, desconsolado, impotente, iracundo, de una mujer que alguna vez amó ilusionada a un hombre el cual hoy solo le significa sufrimiento.

Ese hombre es su padre, al menos así dicen que se le llama a ese ejemplar masculino que te engendra y según narran los mitos urbanos  te cuida, ama y cría, nada más lejano de su realidad.

Padre y Madre de Antonella, ambos seres infelices, curtidos por los años, ahogados en la monotonía, cargados de infinitos sueños marchitos, en cuyas miradas se mezcla el miedo, el resentimiento y la tristeza.

Él oficinista de clase media, siguiendo la tradición familiar. Desde muy joven empezó a trabajar en la empresa de donde se jubiló su propio padre, la cual pertenece a una familia adinerada de Ciudad de México. Siempre en el mismo cargo, siempre bajo las órdenes del mismo jefe, siempre el hastío, siempre inmóvil.

Ella ama de casa, tampoco por elección sino por resignación, desde niña soñaba con ser azafata, surcar los aires, sentirse libre, volar y de eso, NADA.

¿Del hastío y de la nada qué puede nacer? La primogénita de la familia fue Rebeca, hoy a sus 15 años es una joven de cabello ensortijado y gesto severo. ¿Habrá sido alguna vez una dulce niña? Se pregunta Antonella de vez en cuando, al recibir la contundencia de las palabras de su hermana: ¡IDIOTA!, ¡BABOSA!, ¡IMBECIL!, como un cruel ritual que se repite todos los días al llegar de la escuela.

No hay peor condena que compartir habitación con este personaje dantesco que hace parte de su vida, nuevamente no por elección sino por resignación, como todo en su familia. Esto hizo que desde muy temprana edad Antonella aprendiera a ocultar sus sentimientos y también sus más valiosos objetos, entre ellos su diario. Depositario de sus más grandes anhelos y deseos.  Escribir resultaba ser una forma muy efectiva de hacer de los gritos ecos vacíos.

Su secreto mejor guardado, Juan Pablo, el vecino que vive a 50 pasos, 20 suspiros e incalculables palpitaciones de su casa y como si fuera poco estudia en su escuela.
 Hace varios meses durante el recreo de manera sorpresiva, por primera vez a sus 13 años de edad, un partido de futbol cautivó toda su atención; Un chico mayor, de cabellera larga y delgadez atlética, antes de cobrar el tiro que definiría el juego,  desde la cancha miró hacia la gradería donde estaban Antonella y sus dos mejores amigas (junto a 30 niñas más), guiñó el ojo y señalándolas les dedicó su gol.

Desde ese momento en sus ensoñaciones diurnas Antonella piensa de qué manera puede llamar la atención de Juan Pablo. A su memoria llegan recuerdos de lo conocido, su hermana y su madre sí que se hacen notar, incluso cuando lo que quiere es que desaparezcan. 

Un día cualquiera se presentó la oportunidad perfecta, Juan Pablo reía enérgicamente con sus amigos, Antonella  murmuraba con sus amigas, una niña pequeña llamada Mariana salió al patio del colegio con su sándwich en  la mano.



María Fernanda Urriago Perea.


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