UN COMPUTADOR ALGO TORPE
Historias virtuales
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Al
gallo, confundido por gallina, lo hicieron sancocho una bella mañana de enero
en Pance. Su amante de plumas blancas empezó a despertarse tarde cada día para
atender a sus huevos y el amo la empezó
a ver con ojos de sudado. Nerviosa y aterrorizada salió en la búsqueda de un nuevo
gallo que la despertara. Como pudo, camuflada entre un camión y otro, de aquí
pa’ ‘llá, llegó a la ciudad y encontró un viejo portátil descansando en un aún
más viejo escritorio. Es un mito ese que los portátiles son más ciencia que
magia. El encendido no es una compleja elaboración de circuitos como nos
enseñaron a nosotros y a nuestra protagonista. No. Adentro ahí un pequeño
animalito que reacciona con el momento
correcto y empieza a hacer alharaca para que el portátil funcione
adecuadamente. Resulta que la gallina, que juraba que iba de pasón le vio y
algo en su sistema digestivo le dijo que ese era el amor despertador que
necesitaba. Entonces, en contra de todo lo que juramos sobre el amor, paso a
paso, caricias y cosquillas en la quinta cita, la gallina lo secuestró. No
tengo ni idea si vivieron felices para siempre porque aún veo sudados y
portátiles que encienden adecuadamente, pero supongamos que por mucho tiempo la
pasaron bastante bien.
Moraleja:
Un
computador te responde bien hasta ese momento en que una gallina rapta tu
sistema de encendido, dejándonos sin el momento
correcto. De ahí en adelante seremos nosotros quienes rogaremos que esa
maldita extensión nuestra, prenda y funcione como debería, haciéndose con el
tiempo rebelde y perezosa. Quizás por eso los que disfrutan más los sancochos
son aquellos que lidian con un equipo que prende cuando le da la gallinacea
gana.
Daniel Ríos Rengifo
Lina Marcela Mayorga
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